Querido Murphy
Todo empezó leyendo las Leyes de Murphy que citaré textualmente:
“si una cosa puede ir mal, esperará el peor momento para hacerlo”.
Ahora, querría decir, o mejor escribir, dos palabritas al querido Murphy.
Queridísimo Murphy:
Querría discutirlo porque, si en parte es verdad eso que proclamas, también es verdad que nosotros solo somos el trámite para nuestro destino. A fin de cuentas es evidente que no todo gira por el lado correcto, pero también es verdad que podemos hacer, al menos en la peor de las hipótesis, que haga un “medio giro” a nuestro favor. Ok… ¿es demasiado retorcido para una mente filosófica? Intentaré explicarme mejor. Esta mañana salgo, como siempre, en el mismo tren (siempre puntual y siempre con sitio para sentarse) abro la mochila y… tragedia, los auriculares que me permiten escuchar mi amada música del móvil se han quedado olvidados sobre la mesa del estudio de casa. Bien, según tu teoría me esperaba como mínimo otra desgracia y en cambio lo que ha pasado es que he conocido una turista americana que iba hacia Girona y me he enterado de todo lo que en Catalunya no escriben sobre Obama.
La segunda cosa que veo que desmonta tu teoría es el bar donde suelo desayunar. Como siempre he pedido mi café con leche, el croissant y mi zumo de naranja natural. Juan, el camarero, me ha dicho…
- estamos esperando las naranja ¿quieres algo licuado? –
- Sí, lo que tu creas - le contesto
me pone un zumo de manzana y zanahoria, a decir, muy apetecible. Nunca se me habría ocurrido pedir algo tan saludable si no hubiese sido por la ausencia momentánea de cítricos.
Más tarde llego a la oficina, y veo a todo el mundo delante de la recepción… la empleada esta desesperada, el botones esta enfermo y hay unos documentos urgentes que entregar a unos clientes. A todos les ha entrado el pánico… pero,
- ¿qué problema hay? – digo - ya voy yo, está a dos pasos –
Todos me miran con ojos desorbitados y de unos becarios sale un hilo de voz…
- ¿Va él?, pero si no es su trabajo. Es mejor que llamemos un mensajero –
Yo insisto y voy. No me lleva mucho tiempo y para compensar miro los escaparates del centro. Querido Murphy, si el botones hubiese estado bien, no me hubiese comprado el cinturón de Ermenegildo Zegna que buscaba desde hacía tanto tiempo y que por fin encontré en una tienda por la que nunca había pasado.
Con todo esto, querido Murphy, quédate con tus teorías, yo no te creeré nunca más.
Lalalala… uno a cero para mí.



encontrada dijo
Cuestión de optimismo, me parece :)
Un abrazo
22 Noviembre 2008 | 04:35 PM