Este de la foto soy yo. A primera vista puede parecer que no haya nunca roto un plato, pero os puedo asegurar que a esa temprana edad, ya era tremendo. Basta ver como me retoqué el flequillo a vísperas de la foto anual en el colegio.
Pese a los gritos de mi madre, repetí la operación en dos ocasiones. La primera justo antes de que mi hermano hiciera la comunión y la segunda el día que mi tía se casaba. Lógicamente en las fotos quedé divino de la muerte.
Eso hizo que mi madre, un mes antes de hacerla yo, la comunión, escondiera todas las tijeras de la casa.
Hoy en día, he dejado el feo vicio de cortarme el pelo yo mismo, aunque continuo siendo tremendo por otras razones.
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